
Historia
11 Threads Studio
Todo comenzó con una página de Instagram. Vi el perfil de una persona que creaba muñecas tejidas, sobre todo sirenas, y pensé: si esto lo creó un humano, yo puedo aprender y crear la mía propia. Era el verano de 2015. Estaba en los primeros meses de maternidad de Zaritah, mi segunda nena. Antes de comprar nada, busqué en YouTube qué materiales necesitaba una principiante. Salí a Capri y compré tres ovillos de hilo y una aguja de 5.5 mm. Con eso arranqué.
YouTube se volvió mi mejor amigo. Los primeros videos que busqué no eran de proyectos, eran de lo más básico: cómo sujetar la aguja y cómo sujetar el hilo. Practiqué la tensión haciendo cadenetas larguísimas. Las deshacía y las volvía a hacer. El hilo se me enredó diez mil veces y desenredarlo me tomaba tiempo, pero esa práctica también me mantenía presente.
Después pasé a los puntos básicos: Punto bajo, Punto medio alto, Punto alto, Punto alto triple, Punto deslizado, Anillo mágico. Mis primeras piezas fueron una enredadera de hojas, una flor y unos barefoot sandals. Nada complicado, solo excusas para seguir trabajando la tensión y los puntos nuevos. Luego hice un granny square, el más sencillo, solo con puntos altos y cadenetas.
El primer proyecto grande fue una cartuchera para guardar las agujas. Ya había comprado varias de aluminio y necesitaba un lugar donde no se me perdieran.
Con lo poco que sabía ya me sentía experta, así que quise probar con una muñeca siguiendo un patrón escrito. Todavía no entendía bien los patrones. Compré tres hilos nuevos para ella y me tomó casi una semana, dedicándole horas largas todos los días. Lo logré. Esa muñeca no llevaba relleno. Solo le llené la cabeza con bolitas de algodón. Le hice un traje rosita para que contrastara con su pelo verde. Todavía la conservo. Ese es mi trofeo.
Hice una segunda con hilos y agujas más finas. Salió parecida a la primera, en otros colores. Tenía muchos defectos, pero yo estaba feliz porque había logrado lo que me propuse. Solo faltaba perfeccionar. Creé dos muñecas más y las publiqué en mi página personal de Instagram. Para mi sorpresa, me las quisieron comprar. Esas fueron mis primeras tres ventas.
Vender muñecas no era mi meta. Mi meta era una sirena. Nos mudamos de Puerto Rico a Florida y no creé nada por un tiempo. Fue al verano siguiente que me atreví. Sabía cómo hacer el cuerpo con lo aprendido en las muñecas anteriores, pero la cola era otra historia. Quería que fuera distinta a todas las que veía en YouTube. Empecé de arriba hacia abajo. Al llegar a la cintura comencé a disminuir sin ninguna estructura ni secuencia coherente hasta cerrar al final. Le puse un palito por dentro, entre la guata, buscando firmeza. Quedó tiesa.
Faltaba la aleta. Busqué videos de cómo hacer hojas hasta que encontré una y pensé: si uno dos de estas por los laterales, quizás salga algo parecido a lo que tengo en la cabeza. Lo hice y salió exactamente lo que imaginaba. Intenté una segunda con los colores de Little Mermaid, pero las dimensiones quedaron raras. No seguía ningún patrón, solo mi instinto.
Necesitaba descansar del crochet, así que hice un árbol de la vida en macramé dentro de un hulahoop. Sé macramé desde los quince años. De esa pieza salieron tres pedidos y con eso, otras tres ventas. Después volví a la aguja. Empecé a hacer carteras, trajes largos, croptops, bralettes, wall hangings y amigurumis de elefantes. Cada vez trabajaba más rápido y con mejor técnica.
Ahí pensé: esto puede ser mi negocio. Aprendo rápido, las piezas quedan bonitas y a la gente le gustan. Todavía dudaba de mis habilidades, pero decidí crear un logo y buscar un nombre. Se llamó 11 Threads.
Threads por lo obvio. El 11 en realidad es 1 y 1, inspirado en mis hijas.
Una es grande, la otra pequeña, una es derecha, la otra zurda, una tiene el pelo lacio, la otra rizo, una es blanquita, la otra coge color rápido, una es bien tranquila, la otra súper activa. Se llevan 11 años y las dos nacieron en enero, en el 1 y en el 11.
Abrí la cuenta de Instagram y una tienda en Etsy. Empecé vendiendo las pocas piezas que tenía creadas. Por Instagram llegaron los DM pidiendo artículos personalizados y a ninguno le dije que no. Todos eran creaciones nuevas para mí. Cada artículo que terminaba quedaba mejor de lo que yo esperaba. Los clientes quedaron satisfechos y nunca recibí un mal review, aunque todavía me costaba creerlo.
Hice de todo: ropa de mujer, ropa de bebé, amigurumis, accesorios, decoración para el hogar, headbands, carteras, cojines enormes en forma de frutas. Cosas que jamás pensé que iba a crear en mi vida. Seguí estudiando por mi cuenta. Más YouTube, libros para familiarizarme con otros tipos de patrones, prueba y error. Me auto eduqué en todo el sentido de la palabra. Ya tenía cajas plásticas grandes llenas de hilos.
2017 al 2019 fueron años de mucho aprendizaje y muchas ventas. Mis piezas llegaron a Alemania, Madrid y varios estados de Estados Unidos, aunque la mayoría de mis clientes eran de Puerto Rico. Quería que mis publicaciones se vieran más profesionales y me hice amiga de una muchacha por Instagram que me ayudó con eso sin cobrarme. De vez en cuando le enviaba dinero o alguna pieza como agradecimiento.
Participé por primera vez en un Art Market en Daytona, Florida. Fue una gran experiencia. Allí conecté con una clienta tailandesa que hasta el día de hoy me hace órdenes personalizadas. Confió en mi talento desde el día que me conoció. En esa etapa aprendí a escribir patrones y me lancé a escribir los míos: Minguita y Mareena. Ya tenían estructura real, hilos específicos y personalidad propia.
En el verano de 2019 nos mudamos otra vez a Puerto Rico. Ahora la mudanza incluía cajas de hilos y materiales de trabajo. Llegué con clientes y seguidores que me daban mucho apoyo en las redes. A cada lugar que iba llevaba un proyecto para mantenerme entretenida. El crochet se convirtió en mi estilo de vida. Siguieron las órdenes especiales, alguna pieza creada por mí para soltar las ideas que se estancaban, farmers markets, muchos pedidos y envíos por correo. Así hasta noviembre de 2021.
Tomé un receso casi obligatorio. Necesitaba atender la parte emocional mía y de mi familia después de una pérdida muy significativa. Empecé a aprender sobre energías, Reiki y cuarzos. Hubo mucha sanación y conversaciones profundas que me llevaron a otro nivel de entendimiento de la vida. Trabajé año y medio en una tienda de cuarzos. Fue necesario. Me ayudó a mí y a los míos. Seguí crochetiando, pero para mí, para mantenerme presente. Tuve algunas ventas, pocas.
En 2022 creé mi primera colección de muñecas, The Attraction. La idea era mostrar la parte humana y la parte marina de un mismo ser. Después de esa colección volví a parar hasta mayo de 2023, cuando regresé con más ganas. Desde entonces no he dejado de crear con hilos.
Todo salió de una decisión sencilla: si otra persona lo hizo, yo puedo aprenderlo. No tomé cursos formales. Aprendí con videos gratuitos, libros, práctica diaria y muchas horas deshaciendo lo que hacía mal. Aceptar pedidos que no sabía hacer me obligó a crecer más rápido que cualquier tutorial. Cada orden nueva era una técnica nueva.
Nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de Ahmedd y de mi familia.
11 Threads Studio
